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Azúcar: el gran enemigo de la salud

Helados, chocolates, golosinas, refrescos, bollería, pan blanco, pan de molde, embutidos, postres lácteos, salsas, alimentos precocinados, cereales de desayuno, comidas infantiles, barritas de cereales, mermeladas, zumos de frutas, alimentos bajos en grasas, frutas deshidratadas (dátiles, arándanos, orejones…), cafés solubles y derivados, snacks salados, crema de cacahuete, miel, siropes, postres caseros y un largo etcétera, están plagados de azúcar y lamentablemente estos alimentos son de los más apetecibles tanto para grandes como para pequeños.

Aparece bajo diferentes nombres (fructosa, glucosa, dextrosa, sacarosa, melaza, maltosa, sirope) y aunque pudieran confundir al consumidor por hacerle creer que se trata de sustitutos más saludables, no son más que “primos hermanos” del azúcar que en nuestro organismo crean los mismos daños.

El azúcar es el gran enemigo de la salud, porque lo encontramos en una infinidad de productos (que a veces ni imaginamos) y porque crea una gran dependencia, ya que el sabor dulce es muy apetecible y existen mecanismos en el organismo que crean esa sensación de necesidad.

La realidad es que es un ingrediente que está relacionado con un gran abanico de patologías y síntomas. Además del sobrepeso y la obesidad, está relacionado con enfermedades que ni imaginamos, como son: algunos tipos de cánceres, daños neuronales, diabetes tipo II, enfermedades degenerativas, deterioro cognitivo, problemas bucales, envejecimiento celular, osteoporosis, enfermedades pancreáticas, renales y hepáticas, ansiedad, depresión, etc.

Uno de los efectos bioquímicos que causa el consumo prolongado de azúcares es que favorece el proceso de glicación: la unión de algunos azúcares a proteínas del organismo, creando un deterioro progresivo de los tejidos. El nivel de glicación es lo que se mide, por ejemplo, en personas diabéticas (calculando el nivel de hemoglobina glicosilada), para conocer el progreso de la enfermedad y la adherencia que tienen estos pacientes a cambios de hábitos más saludables.

Hay azúcares más naturales como: sirope de agave sin refinar, sirope de dátiles, sirope de arce, panela, azúcar integral, azúcar moreno, azúcar mascabado, miel, azúcar de caña, azúcar de coco, y aunque son alternativas más naturales al azúcar, por tener más poder nutritivo y algunos, menos índice glucémico, siguen siendo sustitutos cargados de azúcares que finalmente pueden crear los mismos daños en el organismo si se consumen en exceso.

¿LOS EDUCORANTES SON LA SOLUCIÓN?

A pesar de que comercialmente encontremos cada vez más alimentos bajos en azúcares o light, la sustitución de los azúcares por edulcorantes artificiales, tampoco es la solución, ya que éstos podrían alterar la flora bacteriana intestinal y podrían ocasionar efectos laxantes; su uso prolongado podría estar asociados incluso con algunos tipos de cánceres.

Por otra parte, hay cada vez mayor interés en sustituir el azúcar por edulcorantes naturales como los glucósidos de estevia, el eritritol y el xilitol. El primero es extraído a partir de una planta (Stevia Rebaudiana) y los siguientes son polialcoholes derivados de la fermentación de azúcares o extraídos de la corteza del abedul. Sin embargo, el uso de estevia en hojas sigue siendo la opción más natural y saludable, para endulzar infusiones o aguas saborizadas.

Desde un punto de vista de la salud, los edulcorantes naturales son alternativas mejores al azúcar ya que no aumentan la glucemia en sangre (nivel de azúcar en sangre), no favorecen la hipertrigliceridemia (aumento de triglicéridos en sangre), no aportan apenas calorías, no favorecen el desarrollo de caries dentales y aportan dulzor a las comidas sin los efectos negativos de los azúcares.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

La mejor recomendación es que deberíamos re-acostumbrar nuestro paladar a los sabores auténticos de los alimentos sin edulcorar, para evitar así tentaciones y dependencias innecesarias en un futuro.

Para ello tenemos varias herramientas que nos pueden ayudar a evitar la dependencia que tenemos al sabor dulce:

No ingerir comida procesada (galletas, chocolatinas, chucherías, helados, fruta deshidratada…), y en el caso de hacerlo, que sea de forma muy esporádica.
Sustituir los tentempiés, snacks y comida procesada con fruta fresca de bajo índice glucémico (arándanos, frambuesas, fresas, coco, manzana, etc) o frutos secos y yogures naturales.
Infusiones con canela, jengibre y regaliz, especiadas tipo chai que aporten un sabor natural ligeramente dulce.
Evitar refrescos, zumos y volver a acostumbrarnos al sabor neutro del agua natural.
Evitar proponer a bebés y niños alimentos endulzados, ya que desde estas edades estamos acostumbrando su paladar al sabor dulce y eso les va a condicionar toda su vida.
Evitar azúcares, edulcorantes naturales y artificiales puede ser tedioso al principio, pero el beneficio que encontraremos será de inmenso valor y esto va a repercutir en nuestra salud el resto de nuestra vida.

Carla Novelli
Dietista-Nutricionista y Naturópata colegiada

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